Historias del buen valle, dirigida por José Luis Guerin, es el título que ofrece esta semana el Cineclub Chaplin, una película que permite recuperar, después de varios años de silencio, a uno de los más sólidos directores del cine español, cuya obra, escasa, es siempre sinónimo de un trabajo bien hecho, con unas propuestas del máximo interés, como ya ocurrió con En construcción o La Academia de las Musas, que tuvimos oportunidad de ver en el Cineclub. En su misma línea de observador profundo de la realidad, Guerin sitúa ahora la cámara en Vallbona, un barrio de la periferia de Barcelona que bien se puede considerar como un ámbito de transición desde el mundo rural al urbano, habitado por obreros y emigrantes que coexisten con quienes llegaron hasta el lugar tras la guerra para dar lugar a un complejo urbanístico amorfo, que coexiste casi al lado de los grandes bloques impulsados por la moderna especulación. De este modo, Vallbona es como una aldea global, como un microcosmos en el que se manifiestan los mismos conflictos sociales que en cualquier otro lugar del mundo, pero que en este caso tienen ante sí la mirada lúcida, profundamente sosegada, de José Luis Guerín, que lejos del estrépito habitual en los medios informativos contempla el panorama desde la más profunda valoración. Mirar y escuchar con la cámara, es la filosofía de este sensato director de cine que con Historias del buen valle nos ofrece una auténtica obra de arte. La película tiene una duración de 122 minutos y podrá verse este miércoles, 29 de abril, en sesiones a las 17, 19,30 y 22 horas, en la Sala Cinco de Multicines Odeón Cuenca.







